Hace unos días conocí, a través de un medio de comunicación, una iniciativa para potenciar el comercio tradicional por medio de una plataforma de venta online. Según el titular, nos encontrábamos ante el “despliegue de una red contra la crisis”.

Ante semejante promesa, busqué con impaciencia la web y, ya en el inicio, la cosa empezó a pintar mal: estética “discreta”, mucho palabrerío gratuito, cuando no sin sentido, tópicos, brindis al sol y maximalismo para exportar.

Del estupor inicial pasaría a la indignación al entrar a la tienda virtual, y encontrarme una arquitectura falta de atractivo y plagada de errores de funcionamiento (ejemplo de búsqueda de sonido portátil). La página de Facebook sólo confirmó lo que se intuye en la web. Así no hay quien venda en Internet, con miles de ofertas de altísimo nivel.

Estar en Internet o en las redes sociales
sin una estrategia para atraer a tu cliente objetivo
es tan inútil como poner un comercio en el desierto del Gobi
y esperar a que alguien pase por allí.

Lo peor son los comercios a los que “se les ha vendido una moto” que no funciona. Para la mayoría de ellos, sería más productivo vender en e-Bay, montar una pequeña tienda gratuita y una página en facebook, utilizar lo invertido para hacer alguna campaña a nivel local o pagar a un escaparatista.

No todo el comercio puede rentabilizar su inversión vendiendo en Internet.

Sin embargo, sí se pueden utilizar ciertos recursos de Internet para potenciar el canal tradicional. Porque, a pesar de que la mayoría de los recursos a utilizar son gratuitos, no lo es el mucho tiempo que hay que dedicar para obtener resultados. Incluso disponiendo de tiempo, hay que tener una estrategia y utilizar aquellos recursos que mejor se adapten a las necesidades y posibilidades de cada comercio y de sus clientes. Para ello es fundamental el conocimiento del medio, y eso se consigue con asesoramiento profesional, no dejándose llevar por cantos de sirena o soluciones mágicas.

Y todo ello es inútil si, por último, nos olvidamos del cliente y de proporcionar una experiencia de compra adecuada. Y para ello hay que ofrecer algo más que productos esperando un clic y un número de cuenta: hacen falta información, comunicación, valor añadido y ganas.

Es muy difícil llegar a un público objetivo tan amplio con productos tan dispares. No parece que haya una estrategia de producto ni de marcas, ni segmentación de clientes o una idea que sirva de vehículo para presentar los productos con cierto orden.

Y me quedaré aquí, porque no es cuestión de hacer sangre, y porque, en última instancia, quienes saldrán perjudicados serán esos pequeños comercios que han puesto alguna esperanza en que esta iniciativa les ayude a solucionar sus abundantes problemas. No les culpo a ellos, sólo han caído en manos de alguien que les ha “vendido la moto”, es posible que con la mejor de las intenciones, aunque de manera irresponsable, y espero que mejore rápidamente, a pesar de que creo que este no es el camino a seguir.

Foto: microbi (stock.xchng)

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