Hoy he estado dando un breve paseo por Bilbao y he podido vivir el ambiente comercial en un día en el que había mucho turista aprovechando el puente que hay en ciertas comunidades. Quizás este motivo, y el hecho de encontrarnos en el último día para hacer las compras del Día de la Madre, sea el que haya motivado la acción comercial que me he encontrado.

Al acercarme a la tienda Benetton, en plena Gran Vía de Bilbao, he oído música más alta de lo normal y me ha costado un rato ubicarla dentro de la tienda. Dentro de la tienda, un DJ ponía música de baile y unos azafatos repartían una bebida refrescante de color verde (el color corporativo de Benetton). La disposición del producto y parte de la ambientación se habían adaptado al ambiente festivo.

Pero lo más curioso estaba en los escaparates. En dos de ellos, dos modelos, bailaban al ritmo de la música ante la mirada sorprendida de los transeúntes. Las modelos interactuaban, dentro de lo posible, con su público: saludaban, se giraban hacia uno u otro o posaban si les hacían fotos.

También había otras dos modelos en la calle, con el mismo vestuario, llamando la atención y creando corrillos frente a la tienda.

En fin, una acción diferente y llamativa, que el público ha recibido bien. En estos casos, hay un resultado importante a tener en cuenta: más allá de un aumento de ventas, es tan importante como intangible y, por tanto, difícil de medir, la mejora en la imagen de marca, sobre todo en el público al que va destinado esta acción, que entiendo que es el más joven.

Y es que, posiblemente, para una nueva generación, Benetton no es esa marca transgresora que muchos recordamos de los 80 y parte de los 90.

Bien por Benetton.

 

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