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Si la semana pasada compartía una serie de ideas para estimular las ventas aprovechando las fiestas de verano de los pueblos o ciudades, en esta ocasión las ideas son para “vender” las fiestas en sí, para que contribuyan al objetivo marcado por cada municipio que, además del disfrute de sus convecinos, suele ser el de atraer turismo y “vender” su ciudad.

Fijar objetivos

Doy por sentado que el primer objetivo de cualquier consistorio al organizar unas fiestas es el de ofrecer a sus convecinos unos días de diversión, sea cual sea el concepto que tengan en cada lugar de este término.

Sin embargo, organizar unas buenas fiestas requiere de una gran inversión. Por ello, es frecuente que muchos ayuntamientos fijen otros objetivos para rentabilizar mejor dicha inversión. Algunos de los objetivos adicionales más frecuentes suelen ser la promoción del pueblo o ciudad y la atracción de turistas, pero puede haber otros, y serán estos objetivos los que condicionen en gran parte el programa de fiestas.

Tener un nombre característico

El nombre de las fiestas es el primer punto importante y debiera ser lo más característico posible. Los Sanfermines de Pamplona son conocidos mundialmente, a pesar de que la misma festividad se celebra en otras partes de España. Hay otros nombres que no son únicos, pero que designan a las fiestas de una zona, como las Fallas o Moros y Cristianos. Sin embargo, hay nombres que, además de ser únicos, describen el elemento distintivo de la fiesta y la localizan, como el Descenso del Sella.

El valor diferencial

Durante todo el año, y especialmente en verano, hay fiestas en multitud de puntos de la geografía española. Por ello, lograr que una fiesta destaque sobre otra es un duro trabajo, pero se trata de ofrecer un valor diferencial, una peculiaridad.

En algunos casos no hay más que continuar con la tradición, como en los Sanfermines o las Fallas. En otros se aprovecha lo que comenzó siendo una pequeña gamberrada, como la Tomatina de Buñol. Sin embargo, lo más habitual es tener que crear una oferta festiva combinando diversos actos con una estrategia determinada.

La oferta festiva

Cuando se pretende convertir una fiesta en un reclamo para el turismo y un canal de promoción de una ciudad, no basta con los clásicos concursos gastronómicos, festejos taurinos y verbenas. De hecho, hay que tener en cuenta que, dependiendo del protagonismo que tengan algunos actos, como los toros y los actos religiosos, pueden atraer y repeler a cierto tipo de visitante.

Si se quiere atraer al máximo número de visitantes posible, el programa debe contemplar actos festivos para todo tipo de público: conciertos, teatro, desfiles, fuegos artificiales y otros actos típicos.

Información

Incomprensiblemente, muchas fiestas no disponen de su propia página web, por lo que es difícil saber lo que ofrecen. En otros casos la web existe, aunque es gestionada por terceros, cuya principal finalidad es la monetización a través de publicidad, por lo que la información no siempre está todo lo cuidada que debiera.

Sin embargo, en algunas fiestas disponen de su propia app para móvil, con la que la información es mucho más ágil, por un lado, y se puede conocer más sobre el visitante, por otro.

Tampoco hay que descuidar la información a pie de calle, con puntos de información y personal claramente identificado y que sea capaz de comunicarse en varios idiomas.

La imagen importa

Como en toda campaña para vender un producto, la imagen importa. Por eso, puedo entender que los carteles de las fiestas se saquen a concurso, pero no entiendo que en la composición del jurado no haya expertos en diseño, publicidad o marketing.

De hecho, lo más adecuado sería que el cartel se presentase a un concurso de profesionales a los que se entregase un briefing, para que éstos se ajustasen a los objetivos de la fiesta. Así se hubieran evitado algunos carteles muy mediocres que han aportado bien poco a la fiesta y a la ciudad. Además, un buen cartel abre la posibilidad de comercializar líneas más amplias de merchandising, que llevan la imagen de la ciudad por el mundo.

La buena fiesta

Haciendo un buen programa festivo no termina, ni mucho menos, el trabajo de diseñar unas buenas fiestas. Para que el visitante se sienta a gusto hay que ofrecer ciertos elementos adicionales:

Seguridad. Es evidente que las cifras de heridos y robos no son una buena publicidad. Se debe tratar de garantizar, dentro de lo posible, la seguridad de visitantes y locales.

Limpieza. Cuando se multiplica la población no es fácil, pero la suciedad o la falta de higiene son imperdonables, por lo que las labores de limpieza deben estar dimensionadas al número de visitantes y adaptadas al horario festivo.

Servicios. De igual manera, para recibir gran cantidad de visitantes debe haber disponibilidad de alojamientos, cafeterías y restaurantes abiertos, tiendas, servicios médicos…

Evitar abusos. En todos los sitios hay desaprensivos que se aprovechan del visitante aplicando tarifas abusivas o prestando un mal servicio. El daño que hacen este tipo de conductas, especialmente en los tiempos de las redes sociales, puede ser catastrófico, ya que los afectados compartirán su mala experiencia.

Fiesta abierta

Es curioso que, en algunas fiestas, se haga un gran esfuerzo para atraer al visitante y, sin embargo, que una parte importante de las fiestas se desarrollen en recintos privados. Este hecho debe tenerse en cuenta para combinar estos espacios con otros de acceso público donde el visitante pueda disfrutar de la fiesta y sentirse integrado.

En este sentido, también tiene gran importancia la proporción entre eventos gratuitos y de pago. Algunas fiestas, como la Aste Nagusia o Semana Grande de Bilbao, son conocidas por el gran número y la calidad de conciertos y eventos gratuitos ofrecidos en su programa.

Mostrar la ciudad

Si uno de los objetivos de las fiestas es el de promocionar la ciudad se deberían utilizar como recintos festivos los puntos de la ciudad más icónicos, aunque esto no será siempre posible.

Una parte importante de la identidad de una ciudad son sus ciudadanos. Por ello, un factor clave, tanto para mostrar la ciudad como para que el visitante se sienta integrado, es la participación local, en forma de peñas, comparsas, cuadrillas, etc.

En muchas fiestas, además, se muestra parte de la historia de la ciudad, a través de los trajes regionales o de recreaciones de momentos históricos integradas en la fiesta.

Iconos y rituales

Los iconos cumplen una función importante a la hora de transmitir la fiesta. Pueden ser personajes que simbolicen la fiesta, como la Marijaia de Bilbao o el Celedón de Vitoria, u otros elementos, como el pañuelico rojo de los Sanfermines o la montera picona y el collar de flores del Descenso del Sella.

Los rituales son un gran atractivo de las mejores fiestas y suelen ser una parte importante de ellas, como el chupinazo y el “Pobre de mí” para inaugurar y clausurar los Sanfermines. La bajada del Celedón, para abrir las Fiestas de Vitoria, o la quema de Marijaia, para cerrar la Aste Nagusia de Bilbao, son otros ejemplos.

Foto: FeistyTortilla (Flickr con licencia Creative Commons BY-SA 2.0)

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